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martes, 18 de abril de 2017

POESÍA POPULAR

Dentro de la lírica popular española, la copla es seguramente la forma poética más importante. A continuación os dejo una antología de coplas que me han parecido muy sugerentes.

Tenéis que elegir cuatro de ellas y:

- resumir el contenido
- medir los versos
- analizar la rima





COPLAS POPULARES

Dices que no la quieres
ni quieres verla,
pero  la vereíta e tu casa a la suya
no cría yerba.

Dices que duermes sola:
mientes como que hay Dios,
porque de noche con el pensamiento
dormimos los dos.

Como la tortolita
te fui buscando,
compañerito, de olivo en olivo,
de ramito en ramo.

Yo no sé por dónde
ni por dónde no
se me ha liao esta soguita al cuello
si saberlo yo.

Todas las mañanas voy
a preguntarle al romero
si elmal de amor tiene cura,
porque yo me estoy muriendo.

Ya te he dicho que no vayas
a misa donde voy yo;
ni tú rezas ni yo rezo
ni tenemos devoción.

Cuando paso por su puerta,
me arrodillo y la venero
como si fuera una iglesia.

Ni contigo ni sin ti
mis males tienen remedio:
contigo, porque no vivo,
y sin ti, porque me muero.

En un cuartito los dos,
veneno que tú me dieras,
veneno tomaba yo.

Cuando la veo venir
a lo lejos por la calle,
le digo a mi corazón
que tenga paciencia y calle.

Esta serranilla perra
me está a mí haciendo pasar
el purgatorio en la tierra.

Esta gitana está loca;
quiere que la quiera yo;
que la quiera su marío,
que tiene la obligación.

Merecía esta gitana
que la fundieran de nuevo
como funden las campanas.

Bendita sea tu casa
y el albañil que la hizo,
que por dentro está la gloria
y por fuera el paraíso.

Ninguno hable mal del día
hasta que la noche llegue.
yo he visto mañanas tristes
tener las tardes alegres.

Me puse a cortar un pino
en el pinar del amor.
Del pino saltó una astilla,
se clavó en mi corazón

Tu cabello y el mío
Se han enredao
como las zarzamoras
por los vallaos.

A tu puerta hemos llegao
cuatrocientos en cuadrilla;
si quieres que te cantemos
saca cuatrocientas sillas.

No pienses que yo te quiero
porque te miro a la cara,
que muchos van a la feria
a ver y no compran nada.


Debajo de los laureles
tiene mi niña la cama;
cuando se quea dormía,
sale el sol, le da en la cara.










domingo, 26 de marzo de 2017

MONTAJE DE ESCENAS TEATRALES

Vamos a escoger escenas para realizar pequeños montajes.

Para poder elegir, aquí hay dos obras muy buenas:


Fernando Fernán Gómez: Las bicicletas son para el verano.




Fernando Arrabal: Pic-nic.



miércoles, 1 de marzo de 2017

POEMA: "Primero se llevaron a los judíos..."

El siguiente poema, siempre atribuido a Bertold Bretch, es en realidad obra del pastor luterano alemán Martin Niemöller (1892-1894). Forma parte de un sermón dado por él en la Semana Santa de 1946, recién acabada la Segunda Guerra Mundial.
Como sabéis, hoy hemos hablado del poema en clase, relacionándolo con Muscha, la novela que estamos leyendo y con Los viajes de Gulliver, de J. Swift. Espero vuestros comentarios al poema.




Primero se llevaron a los judíos, 
pero como yo no era judío, 
no me importó. 

Después se llevaron a los comunistas, 
pero como yo no era comunista,
tampoco me importó. 

Luego se llevaron a los obreros, 
pero como yo no era obrero 
tampoco me importó. 

Más tarde se llevaron a los intelectuales, 
pero como yo no era intelectual, 
tampoco me importó. 

Después siguieron con los curas,
 pero como yo no era cura,
 tampoco me importó. 

Ahora vienen a por mí, 
pero ya es demasiado tarde.

domingo, 29 de enero de 2017

MUSCHA

El otro día, mientras leíamos Muscha, de Anja Tuckermann, os comenté que había una obra de teatro en la que se daba una escena parecida: unos niños comentando cómo sería vivir una guerra justo antes de que dicha guerra comience.


La obra a la que me refería es Las bicicletas son para el verano (1978), de Fernando Fernán Gómez. El fragmento es el siguiente:

PRIMERA PARTE
PRÓLOGO
Campo muy cerca —casi dentro— de la ciudad. Cae de plano el sol sobre los desmontes, sobre las zonas arboladas y los edificios a medio construir. Se oye el canto de los pájaros y los motores y las bocinas de los escasos coches que van hacia las afueras. 

 (Por las carreteras sin asfaltar, por los bosquecillos y las zonas de yerba, pasean dos chicos como de catorce años, PABLO y LUIS. Llevan pantalones bombachos y camisas veraniegas.)

PABLO: Me ha dicho Ángel García que a él le ha gustado un rato. Es de guerra, ¿sabes?
LUIS: Ya, ya lo sé.
 PABLO: A mí son las que más me gustan.
LUIS: ¿Vas con tus padres?
PABLO: Sí, como todos los domingos. Se han empeñado en ir al Proye.
LUIS: Pero ahí echan Vuelan mis canciones.
PABLO: Claro, por eso. Me han mandado a las once a la cola, pero yo he sacado las entradas para el Bilbao. Luego les digo que en el Proye ya no quedaban, y listo.
LUIS: Se van a cabrear.
PABLO: Sobre todo mi madre. Las de guerra no las aguanta.
LUIS: La mía tampoco. Le gustan sólo las de amor.
PABLO: ¿Tú cuál vas a ver?
LUIS: Yo, Rebelión a bordo, de Clark Gable.
PABLO: Todavía no la he visto. Debe de ser de piratas.
LUIS: Sí; a mí, por las fotos, eso me ha parecido.  [...] (Quizá para cortar la conversación, se deja caer por un pequeño terraplén al que han llegado. PABLO le sigue.) ¿Y novelas de guerra has leído? Yo tengo una estupenda.
PABLO: ¿Cómo se llama?
LUIS: El tanque número 13. Si quieres, te la presto.
PABLO: A mí no me gusta leer novelas. El cine, sí. En el cine lo ves todo. En cambio, en las novelas no ves nada. Todo tienes que imaginártelo.
LUIS: Pero es como si lo estuvieras viendo.
PABLO: ¡Qué va! Y, además, son mucho más largas. En el cine en una hora pasan la mar de cosas. Coges una novela, y en una semana no la acabas. Son un tostonazo.
LUIS: Pues yo en una novela larga, de las que tiene mi padre, tardo dos días. Bueno, ahora en verano, que no hay colegio. Y me pasa lo contrario que a ti: lo veo todo. Lo mismo que en el cine.
PABLO: No es lo mismo.
LUIS: Pero bueno, tú, cuando lees novelas verdes, ¿no ves a las mujeres?
PABLO: Bueno..., me parece que las veo. Pero, ¡joder, si hubiera cine verde!
LUIS: ¿Y no te crees que las cosas que cuentan en esas novelas te están pasando a ti?
PABLO: Sí, pero eso es otra cosa.
LUIS: Es igual. Yo, ahora mismo, me acuerdo de El tanque número 13 y puedo ver aquí los combates. PABLO: ¿Aquí?
LUIS: Sí, esto podría ser un buen campo de batalla. En aquel bosquecillo está emboscada la infantería. Por la explanada avanzan los tanques. Los tanques y la infantería son alemanes. Y allí, en aquella casa que están construyendo, se han parapetado los franceses.
PABLO: Aquello va a ser el Hospital Clínico.
 LUIS: Ya, ya lo sé.
PABLO: También habría nidos de ametralladoras.                                                      
LUIS: Sí, aquí, donde estamos nosotros. Un nido de ametralladoras de los franceses. (Gatean hasta la elevación por la que se han dejado caer. Imitan las ametralladoras.) Ta-ta-ta-ta...
PABLO: Ta-ta-ta-ta...
 LUIS: Primero avanzan los tanques. Es para preparar el ataque de la infantería... Alguno vuela por los aires, despanzurrado... ¿No lo ves?   (PABLO le mira, sorprendido.)
LUIS: Aquel de allí... Es porque todo este campo está minado por los franceses... ¡Dispara, dispara, Pablo, que ya sale la infantería del bosquecillo! ¡Ta-ta-ta! ¡Ta-ta-ta!
PABLO: (Que se ha quedado mirando fijamente a LUIS.) ¡Pero bueno, tú estás chalado perdido! LUIS: (Suspende su ardor combativo.) Hombre, no vayas a pensar que todo esto me lo creo.
PABLO: Pues lo parece.
LUIS: No es eso. Lo que quería explicarte es que si leo una novela de guerra, pues lo veo todo... Y luego, si salgo al campo, lo vuelvo a ver. Aquí veo a los soldados de El tanque número 13 y de Sin novedad en el frente, que también la he leído. Y lo mismo me pasa con las del Oeste o las policíacas, no te creas....  (Por la expresión de PABLO se entiende que no tiene muy buena opinión del estado mental de su amigo.)
LUIS: (Se ha quedado un momento en silencio, contemplando el campo.) ¿Te imaginas que aquí hubiera una guerra de verdad?
PABLO: Pero ¿dónde te crees que estás? ¿En Abisinia? ¡Aquí qué va a haber una guerra!
LUIS: Bueno, pero se puede pensar.
PABLO: Aquí no puede haber guerra por muchas razones.
LUIS: ¿Por cuáles?
PABLO: Pues porque para una guerra hace falta mucho campo o el desierto, como en Abisinia, para hacer trincheras. Y aquí no se puede porque estamos en Madrid, en una ciudad. En las ciudades no puede haber batallas.
LUIS: Sí, es verdad.
PABLO: Y, además, está muy lejos la frontera. ¿Con quién podía España tener una guerra? ¿Con los franceses? ¿Con los portugueses? Pues fíjate, primero que lleguen hasta aquí, la guerra se ha acabado. LUIS: Hombre, yo decía suponiendo que este sitio estuviera en otra parte, que no fuera la Ciudad Universitaria, ¿comprendes? Que estuviera, por ejemplo, cerca de los Pirineos.
PABLO: ¡Ah!, eso sí. Pero mientras este sitio esté aquí es imposible que haya una guerra.
LUIS: Sí, claro. Tienes razón.  (PABLO y LUIS se levantan, se sacuden el polvo de sus pantalones bombachos y siguen su paseo.)


En el año 1984 se hizo una magnífica película basada en esta obra teatral. Os dejo aquí el enlace (el fragmento que acabáis de leer se ve a partir del minuto 4:30):



martes, 20 de diciembre de 2016

HISTORIA DE UNA ESCALERA

Aquí tenéis un reportaje sobre Historia de una escalera.



Y aquí una adaptación para teatro leído, en Radio3, de RTVE.  Para oírla pincha aquí.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

miércoles, 7 de diciembre de 2016

ROMANCE SONÁMBULO. FEDERICO GARCÍA LORCA

Aquí tenéis el romance de Lorca. Se trata de interpretar su argumento. 


Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar 
y el caballo en la montaña. 
Con la sombra en la cintura 
ella sueña en su baranda, 
verde carne, pelo verde, 
con ojos de fría plata. 
Verde que te quiero verde. 
Bajo la luna gitana, 
las cosas le están mirando 
y ella no puede mirarlas. 

* 

Verde que te quiero verde. 
Grandes estrellas de escarcha, 
vienen con el pez de sombra 
que abre el camino del alba. 
La higuera frota su viento 
con la lija de sus ramas, 
y el monte, gato garduño, 
eriza sus pitas agrias. 
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? 
Ella sigue en su baranda, 
verde carne, pelo verde, 
soñando en la mar amarga. 

* 

Compadre, quiero cambiar 
mi caballo por su casa, 
mi montura por su espejo, 
mi cuchillo por su manta. 
Compadre, vengo sangrando, 
desde los montes de Cabra. 
Si yo pudiera, mocito, 
ese trato se cerraba. 
Pero yo ya no soy yo, 
ni mi casa es ya mi casa. 
Compadre, quiero morir 
decentemente en mi cama. 
De acero, si puede ser, 
con las sábanas de holanda. 
¿No ves la herida que tengo 
desde el pecho a la garganta? 
Trescientas rosas morenas 
lleva tu pechera blanca. 
Tu sangre rezuma y huele 
alrededor de tu faja. 
Pero yo ya no soy yo, 
ni mi casa es ya mi casa. 
Dejadme subir al menos 
hasta las altas barandas, 
dejadme subir, dejadme, 
hasta las verdes barandas. 
Barandales de la luna 
por donde retumba el agua. 

* 

Ya suben los dos compadres 
hacia las altas barandas. 
Dejando un rastro de sangre. 
Dejando un rastro de lágrimas. 
Temblaban en los tejados 
farolillos de hojalata. 
Mil panderos de cristal, 
herían la madrugada. 

* 

Verde que te quiero verde, 
verde viento, verdes ramas. 
Los dos compadres subieron. 
El largo viento, dejaba 
en la boca un raro gusto 
de hiel, de menta y de albahaca. 
¡Compadre! ¿Dónde está, dime? 
¿Dónde está mi niña amarga? 
¡Cuántas veces te esperó! 
¡Cuántas veces te esperara, 
cara fresca, negro pelo, 
en esta verde baranda! 

* 

Sobre el rostro del aljibe 
se mecía la gitana. 
Verde carne, pelo verde, 
con ojos de fría plata. 
Un carámbano de luna 
la sostiene sobre el agua. 
La noche su puso íntima 
como una pequeña plaza. 
Guardias civiles borrachos, 
en la puerta golpeaban. 
Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar. 
Y el caballo en la montaña.

lunes, 5 de diciembre de 2016

ROMANCE DEL INFANTE ARNALDOS

Dentro de los géneros narrativos existe el subgénero del romance. Se cuenta una historia, aunque en verso. En este romance, la historia es mínima, pero, sobre todo, el final es muy enigmático. ¿Qué creéis que significa?

Os recuerdo que, además de responder, tenéis que proponer un romance.




¡Quién hubiera tal ventura   
sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos   
la mañana de San Juan!
Andando a buscar la caza   
para su falcón cebar,
vio venir una galera   
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,   
la ejarcia de oro torzal,
áncoras tiene de plata,   
tablas de fino coral.
Marinero que la guía,   
diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma,   
los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo,   
arriba los hace andar;
las aves que van volando,   
al mástil vienen posar.
 Allí habló el infante Arnaldos,   
bien oiréis lo que dirá:
—Por tu vida, el marinero,   
dígasme ora ese cantar.
 Respondiole el marinero,   
tal respuesta le fue a dar:
—Yo no digo mi canción   
sino a quién conmigo va.


Anónimo

jueves, 1 de diciembre de 2016

El personaje del farolero en "El principito".

Vamos a comentar el personaje del farolero, y para hacerlo, conviene leer este cuento de Eduardo Galeano:



LA DIGNIDAD Y EL ARTE


Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué.
Cuando me viene el desánimo, me hace bien recordar una lección de dignidad del arte que recibí hace años, en un teatro de Asís, en Italia. Habíamos ido con Helena a ver un espectáculo de pantomima, y no había nadie. Ella y yo éramos los únicos espectadores. Cuando se apagó la luz, se nos sumaron el acomodador y la boletera.
Y, sin embargo, los actores, más numerosos que el público, trabajaron aquella noche como si estuvieran viviendo la gloria de un estreno a sala repleta. Hicieron su tarea entregándose enteros, con todo, con alma y vida; y fue una maravilla.
Nuestros aplausos retumbaron en la soledad de la sala.

Nosotros aplaudimos hasta despellejarnos las manos.

HORACIO QUIROGA. "EL ALMOHADÓN DE PLUMAS"

Hoy vamos a leer un cuento de uno de los maestros del género: Horacio Quiroga. En su "Decálogo del perfecto cuentista" dijo cosas como: 

- Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas.
- No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
- Un cuento es una novela depurada de ripios.


Vamos a disfrutar de "El almohadón de plumas". 


Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.

Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial.
Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.
La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.
En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.
No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.
Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.
-No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja-. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada… Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.
Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.
Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.
-¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.
Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.
-¡Soy yo, Alicia, soy yo!
Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.
Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.
Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.
-Pst… -se encogió de hombros desalentado su médico-. Es un caso serio… poco hay que hacer…
-¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.
Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.
Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.
Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.
-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.
Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.
-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.
-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.
La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.
-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.
-Pesa mucho  -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.
Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.
Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.
Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.



Cuentos de amor de locura y de muerte, 1917


viernes, 25 de noviembre de 2016

Quiénes son...

Recordad que debéis informaros sobre los personajes que nos salieron en la lectura de Paul Auster El palacio de la luna:

- Julio Verne
- Marco Polo
- Stanley
- Dr. Livingstone

Todos gente muy interesante...


"ÍTACA", DE CAVAFIS.

Aquí tenéis el poema "Ítaca", de Cavafis. Espero que os guste, aunque para eso es importante que sepáis que Ulises tardó diez años en regresar a Ítaca cuando acabó la Guerra de Troya. Su viaje fue toda una experiencia: en el camino se encontró con los cíclopes, con el pueblo de los sobergios lestrigones... 

En los comentarios decidme qué significa para vosotros el poema. 
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.
C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999.
Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña

Fernando J. López. El reino de las tres lunas.

Hoy nos ha visitado el escritor Fernando J. López, autor de El reino de las tres lunas. 



 El rato ha sido muy agradable, al tratarse de un escritor cercano y muy accesible. Ha confesado secretos de escritor, como que prefiere escribir primero la obra entera y luego retocar. Nos hemos enterado de que la novela, en su primera redacción, era el doble de larga, porque se dedicó a eliminar capítulos; que algunos pasajes tienen mucho de autobiográfico, como el propio personaje de Aldo... Como dice Mario Gutiérrez, "aparte de ser un gran escritor, como ya hemos comprobado, también es una gran persona [...], no escribe sus novelas porque sí, sino que las escribe basándose en cosas que le han pasado a él en la realidad y eso me gustó especialmente porque con esto me di cuenta de todo el sentimiento y de todo el significado real que tienen sus libros."

Ha respondido a todas las preguntas, curiosidades, inquietudes de los alumnos, como "¿por qué se convierten en piedra y no en cristal?", "de dónde sacas los nombres de los personajes?"... e incluso ha tomado nota de sugerencias como: "deberías escribir una novela de terror."  Ha prometido dedicarla a nuestro centro, si alguna vez la escribe. Estaremos pendientes.

martes, 22 de noviembre de 2016

martes, 1 de noviembre de 2016

RUBÉN DARÍO. "EL REY BURGUÉS"

Podéis leer este cuento de Rubén Darío, titulado "El rey burgués", en el que aparece el tema del arte y el dinero, como en la novela que estamos leyendo. Lo comentaremos en clase.



Para leerlo, pinchad aquí.